Se siente como si fuera la primera vez, mi mente se estrecha de nerviosismo y mis manos tiritan, sudan, temen al fracaso. Supongo que solo tengo que recordar que nunca se trató del éxito. Se siente como la primera vez, así es que quiero escribir tal cual... como la primera vez que escribí por amor y ver que sale.
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Aquella vez era invierno, pues el invierno se ajusta a mi personalidad. La luna estaba grande y oculta tras nubes oscuras, la nieve se veía vasta y amplia, habían árboles por todo el lugar. En esa ocasión era un hombre, de esa manera me defendía al leerlo, podía sentir lo que quisiera, total ese no era yo. Hoy es una mujer, de estatura media, contextura media, un poco dejada. Camina tranquila por la eterna y desesperanzadora avenida, cansada y sin audífonos, sin un libro en la bolsa, sin un cuaderno. Va cargada con un par de textos recién fotocopiados, que probablemente nunca leerá, y un estuche lleno de destacadores de distintos colores, que probablemente nunca usará. Camina para juntarse con sus amigas, con su pareja, con sus amigos, con quien sea menos con ella misma. Camina cansada, sí, pero porque por dentro va corriendo y ya no quiere más, pero no sabe parar.
De pronto suena su celular, es su amiga, su pareja, su amigo, quien llama para avisar que no va a llegar, que algo pasó y que lo siente, pero hoy no se podrán ver. ¿Que hará? No puede salir a comer sola, tendrá que ir al supermercado y comprar algo para preparar, pero luego tendría que subir el cerro en ese frío día de invierno, pronto se pondrá a llover, ¿qué hará? De pronto se le subió la sangre a la cabeza, esta mujer está colorada. Pensó que sentarse sería una buena idea, a pesar del frío. Pasaron los minutos, la hora estaba por llegar y aún no se decidía a levantarse y hacer algo por sí misma, prefería esperar tranquila, sin pensar en nada, hasta que alguien se desocupara. Que holgazana, ¿no?
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