martes, 15 de enero de 2013

Trigo y luego pan.

Se siente un vibrar en el suelo, el aire huele metálico y hay lágrimas en el viento,
que saben a olvido y rencor a la vez. Quien sea que esté llorando, olvidó el temor
y guarda rencor hacia la traición, traición de su misma sangre.

Por fin el vibrar se hace más intenso, el olor metálico se vuelve verbo y se puede ver la sangre
en las yagas de los pies y de las manos de todos aquellos que marchan sin parar.
Se escucha un clamor intenso, una voz que une miles, un temblor que los envuelve a todos,
que los aterroriza, que les hace querer huir, mientras no pueden evitar escuchar:

¡No se engañen a sí mismos, descongelen ese corazón de hielo!
¡Déjennos recorrer el mismo camino a la par con ustedes, pues si no somos iguales,
no es nuestra culpa sino la vuestra, por no hacer nada para recogernos del suelo!
¡Ya no tememos, los odiamos, no queremos olvidarles, mírennos, huélannos, escúchennos!

Te soñamos, hermano, con tus lágrimas cayendo por la misma tierra que hoy pisamos.
No nos mientas ni destiñas el mundo que ambos conocimos de pequeños,
te pido que en cambio, siembres el trigo y hagas pan conmigo,
para que luego alimentemos a nuestros hijos y los eduquemos de la misma manera.

¿Qué me dices?

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